Dos burriers extranjeros cumpliendo condena en la prisión de Huaraz (Esp)

Un periodista siempre está buscando historias interesantes y una de esas historias me llevó a la penitenciaría de Víctor Pérez Liendo en Huaraz. Antes de ir efectivamente a la prisión es importante hacer un poco de investigación, después de todo, visitar una penitenciaría no es algo que pueda ser comparado con visitar un zoológico o un parque de diversiones. Sorprendentemente, algunos animales se pueden encontrar en el Víctor Pérez Liendo ya que hay un par de perros viviendo en la prisión, la diversión, sin embargo, es esquiva. La prisión de Huaraz frecuentemente aparece en las noticias locales debido a que está en su tope máximo y debido al hecho de que agentes de la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES), en acción coordinada con los miembros de la División Territorial de Huaraz, muchas veces encuentran celulares, armas y drogas. Esto puede resultar difícil de creer pero es confirmado por los mismos presos. Asombrosamente, para los turistas puedo recomendar que visiten la prisión, no es algo que harías en tu propio país, pero es razonablemente seguro de hacerlo, y la impresión que te llevarás será una experiencia más de tu viaje.

Mi primera visita fue hace tres años, cuando escuché sobre un sudafricano de 51 años que estaba siendo detenido ahí y decidí visitarlo. Estaba en búsqueda de una historia y esperaba que él estuviera abierto a cooperar. Luego de una docena de visitas y tres años despúes, Lewis Charles Cornelius Strijdom de Sudáfrica, me contó que él ya no era el único recluso extranjero; también había una mujer de España. Una búsqueda rápida en internet arrojó que Lewis estaba hablando sobre Montserrat Gonzáles Hermina, una mujer de 37 años nacida en España que fue atrapada con más de 23 kilos de cocaína en su maleta. ¿Qué era lo que ella había podido pensar y por qué la habían transferido a Huaraz? Pero primero me gustaría regresar tres años atrás, cuando pagué por mi primera visita a la penitenciaría y como un extranjero no tenía ni idea sobre lo que podía esperar de una prisión peruana.

Mi día comenzó a las 09:00 de la mañana, cuando me encontré con alguien de la Policía de Turismo para que me acompañara a la penitenciaría. Habiendo leído Marching Powder y siendo un fan acérrimo de películas sobre prisiones como La Redención de Shawshank (Sueño de fuga), Escape de Alcatraz y de series como Prison Break, estaba muy emocionado pero también estaba nervioso. ¿Podría entrar con mi cámara? ¿Los guardias me dejarían realizar la entrevista? y ¿el sudafricano estaría dispuesto a encontrarse conmigo? El día anterior, un irlandés y yo fuimos al mercado para realizar algunas compras. Compramos algunas frutas, galletas, refrigerios y bebidas. Habíamos sido informados de que estas eran cosas que se llevan a la penitenciaría. Felizmente, uno de los policías de turismo se unió a nosotros y nos hizo sentir más tranquilos.

En el Día del Padre, cuando llegamos al penal, vimos una larga cola de gente, quienes esperaban ver a sus seres queridos, familiares o amigos. Desde el exterior no aparentaba ser una prisión en muy buena condición. Solo podíamos visitar la cárcel los domingos ya que este es el único día que es posible visitar a los hombres convictos. Luego de registrarnos, nos pidieron que dejáramos nuestras cámaras, celulares y otros aparatos electrónicos en la oficina del penal. Esto de hecho tenía sentido pero como no estábamos seguros, nos arriesgamos. El joven Diego Placencia Vidal de la Policía Turística tuvo que dejar su arma y balas atrás también. Tuvimos que registrarnos y dejar nuestros pasaportes. El chico irlandés solo había llevado la copia de su pasaporte y esto sería justamente suficiente para que pasara, probablemente gracias a Diego de la Policía Turística. Brevemente después, otro guardia nos cateó individualmente. Yo pasé primero y estuve afuera luego de 10 segundos teniendo en mis bolsillos algunas monedas y llaves pero esto no representaba ningún problema. Luego, fue el turno de mi compañero irlandés pero con él pasó poco más de un minuto. Al poco rato los guardias me dijeron que él no podía entrar porque había visitado muchos bares la noche anterior. Le negaron la entrada porque aún se encontraba intoxicado. Qué irresponsable de su parte y pobre de mí, estaba solo.

Una vez en la prisión, me ordenaron que me sentara en esos lugares donde puedes hablar con los prisioneros a través de una cerca que separa al visitante del prisionero. Los guardias me dijeron que llamarían al sudafricano. Segundos después, Lewis Cornelius estaba parado detrás de mí. ¿Qué? ¿Podía estar ahí? Donde yo pensé que al menos estaría detrás de una cerca, él estaba a menos de un metro de donde yo me encontraba. ¿Me podría golpear y tocarme? Sí, él podría, si hubiese querido pero no lo hizo.

Él se presentó y preguntó qué hacía ahí. Le dije que estaba haciendo un periódico en inglés en Huaraz y que me preguntaba si él me podría contar su historia. Le mostré las ediciones de abril, mayo y junio del The Huaraz Telegraph que había llevado conmigo y le di la comida que habíamos comprado en el mercado. Seguro, no hay problema, contestó Lewis. Era muy evidente que Lewis se encontraba feliz con mi visita ya que comenzó a hablar incluso antes de que le preguntara nada. Él se movió de aquí para allá y yo tuve que pedirle que fuera más despacio porque no estaba pudiendo procesar toda la información encriptada de una vez. Se encontraba lleno de energía pero a la vez muy calmado. No me sentí incómodo cuando le dije que sería mejor que yo hiciera las preguntas y que él las contestara. Eso es probablemente mejor, concordó Lewis. Así es como Lewis y yo nos conocimos por primera vez.

Lewis no mostró todas sus cartas durante mi primera visita, lo que es entendible pero durante otras visitas él me contó más y más sobre su vida, su familia y las circunstancias en Víctor Pérez Liendo. ¿Por qué continuaba visitando a Lewis? Creo que Lewis es culpable, como él mismo lo admite, pero hay una gran diferencia entre ser un traficante de drogas a un asesino o a un violador de niños. Y él debería pagar por lo que ha hecho en términos de cumplir con su sentencia, y sí, él es un criminal detrás de barras. Aún así, sigue siendo un ser humano, un extranjero solitario sufriendo maltrato y discriminación, y sobre todo, esto no había sido mencionado aún, él estaba aquejado por el VIH. Podríamos decir que él está feliz con mis visitas porque de esa manera podía hablar un poco. Para el lector me gustaría que se hicieran la siguiente pregunta, ¿cómo nos sentiríamos si estuviéramos detenidos en una prisión extranjera mientras que eres constantemente discriminado y golpeado, no tienes visitas ni nadie con quien hablar y encima de todo eso, sufres de VIH? Obviamente a nadie se le ocurriría la idea de visitar una prisión en una mañana de domingo lluvioso, aunque algunos turistas sí lo hacen. Este es el resumen de lo que Lewis compartió conmigo en algunas de mis visitas. Ya que los aparatos electrónicos estaban prohibidos dentro de la prisión, sus respuestas no pudieron ser grabadas y tuvieron que ser escritas a mano en un cuadernillo por lo que podrían haber algunas imprecisiones.

Ser atrapado en el aeropuerto

Lewis nació en Johannesburgo, Sudáfrica y necesitaba dinero así que pensó que las drogas eran una manera sencilla de hacer algo de dinero. Fue acordado hace algún tiempo en Sudáfrica que él transportaría tres kilogramos pero la maleta con la que sería atrapado contendría 17 kilos. Lewis juró que él nunca tocó la maleta. Él estaba viviendo en un departamento en Miraflores y un día se fue en un taxi blanco hacia el aeropuerto Jorge Chávez. A mitad del camino cambió de taxi y es ahí cuando Lewis recibió la maleta y le mostraron los tres kilogramos. Su vuelo estaba listo para partir y lo llevaría a Amsterdam y luego a Johannesburgo. La persona que se encontraba con Lewis llamó al botones para que llevara la maleta y Lewis aún afirma que hasta ese momento él no había tocado la maleta. Ellos fueron por el envoltorio de plástico y envolvieron la maleta. El botones hizo todo esto por él, ya que Lewis estaba viajando en primera clase. En el aeropuerto, a Lewis le dijeron que fuera a la puerta siete para pagar sus impuestos y eso hizo. Justo cuando estaba listo para irse lo tocaron en el hombro y le pidieron que acompañara al oficial en servicio. El sudafricano fue llevado a una sala de la policía y le pidieron que abriera su maleta. Esta es, según Lewis, la primera vez que él tocó la maleta y que luego se dio cuenta de cuan pesada era. Estaba arruinado. Ellos tenían un taladro e intentaron taladrar la maleta pero de hecho se rompieron dos taladros. Luego trajeron una picadora y cortaron la maleta por la mitad. Cuando hicieron esto, dos maletas cayeron y rodaron sobre la mesa. Fue en ese momento en que Lewis se dio cuenta de que lo habían engañado o que desde antes había sido un blanco. Lewis dijo que le habían prometido 30,000 Rand (S./7,702.67). El valor en las calles de las drogas divididas en bolas de un gramo hubiese sido de varios millones de rand. La policía sacó la cámara de video y todos aparecieron, era un gran evento que un gringo fuera arrestado. Lewis luego admitió que había intentado traficar antes en otros países como Pakistán y Bolivia pero que nunca había sido atrapado…

En la prisión en Lima, Lewis adquirió el VIH

Lo llevaron a la estación de policía DINANDRO donde lo mantuvieron por 15 días. En las siguientes dos semanas, sacaron a Lewis 15 veces para intentar encontrar a sus proveedores pero no hubo resultados. Luego de eso fue enviado al penal Sarita Colonia, donde pasó los primeros cuatro años y ocho meses de su sentencia. Es ahí que contrajo el VIH a través de agujas en la farmacia. Lewis asegura que uno de los prisioneros extraería su propia sangre y luego la colocaría en la medicina en la farmacia. Lewis se enfermó y le dieron una dosis mala del medicamento y ahora tiene que vivir con VIH por el resto de su vida. Lewis pasó cuatro años en fisioterapia desde los 7 hasta los 11 años debido a que tenía huesos frágiles. Le dieron drogas de todos los tipos para tratar de arreglar el problema así que ahora él tiene que recibir drogas intravenosas para ayudarlo a pasar cada día. Lewis recibió 12 años sin posibilidad de libertad condicional; sin embargo, él apeló la sentencia, en el mismo instante en que la escuchó. Dos minutos después su apelación fue escuchada por el mismo magistrado y fiscal. Lewis obtuvo la misma pena, un proceso que tomó más o menos 20 meses. Él presentó una apelación contra la severidad de la sentencia con la Corte Suprema y le fue dicho que sería entregada en 10 días. Terminó regresando a la corte cinco meses después y perdió la apelación. La Corte Suprema lo llamó de nuevo y determinó que su sentencia podía tener beneficios que significarían que podría estar afuera entre 4 o 6 años. Nada mal si consideraba la cantidad de droga con la que fue encontrado.

Lewis, sin embargo, fue transferido a la prisión en Huaraz y no pudo llevar sus papeles consigo por lo que ahora tiene que cumplir su sentencia completa.

Situación en la prisión en Huaraz

En una visita en el 2013, Lewis me mostró un reporte psicológico con no menos de 106 sesiones acudidas. Lewis me mostró también los documentos de su juicio y su subsecuente sentencia en el 2006. Lo primero que noté fue que el autor había escrito mal Ámsterdam. Por alguna razón encontré esto divertido y le señalé el error a Lewis. Entre los documentos había un informe psicológico, que es un reporte describiendo los comportamientos y conductas de Lewis. De acuerdo a este documento, Lewis había nacido el 1 de Agosto de 1960, y tiene ocho hijos. Asimismo, Lewis es descrito de la siguiente manera: “Él es un adulto pálido con cabello castaño y una personalidad definida como la de una persona de constitución normal. Mide aproximadamente 1.75m y tiene tres tatuajes –uno en su hombro izquierdo, otro en su mano izquierda y el tercero, en su pecho. Además, tiene una cicatriz en su mano derecha que resultó de un accidente vehicular”. Lewis declara en este documento que sus padres habían fallecido y que es el más joven de 12 hermanos. Adicionalmente, se describe que Lewis está “cooperando muy bien y responde muy bien a las preguntas, pensando antes de responder en un lenguaje simple o en español sencillo.” Su primera entrevista psicológica tomó lugar el 8 de junio de 2010, y leo que no tuvo menos de 106 sesiones hasta el momento. Probablemente para matar el tiempo ya que ¡106 es bastante! Lewis está demostrando “responsabilidad, puntualidad y disciplina” cuando se presenta a esas sesiones. El documento concluye mencionando que Lewis “no tiene signos de ser un psicópata” y que “sus probabilidades de reinserción social son altas”, (esto de entre altas, medias y bajas) y que este test psicológico “lo favorece en la aceptación de los beneficios reclamados”.

Le pregunté a Lewis por qué me estaba mostrando sus reportes psicológicos confidenciales cuando no tenía que hacerlo. “Mira, como ya te dije antes en tu primera visita, he sido sentenciado 2-9-6 (código que hace mención a los beneficios o restricciones en prisión). Esa sentencia significa que puedo solicitar libertad condicional. No obstante, cuando fui transferido a Huaraz, perdí los beneficios y los oficiales aquí me detienen en contra de mis derechos y estoy aquí bajo una sentencia 2-9-7, que es aquella sin la posibilidad de libertad condicional. Como ya cumplí con la mitad de mi sentencia, debería ser liberado pero nadie quiere escuchar mi caso. Podría estar afuera en este momento si tuviera a alguien en la calle. Me siento triste. Entenderás que mi reporte psicológico muestra que tengo un muy buen caso aunque sea constantemente victimizado y siendo golpeado por los guardias.” Sin embargo, no hay una liberación preliminar ya que la sentencia actual de Lewis no cuenta con el código 2-9-6. Él es prisionero bajo el código 2-9-7.

Su liberación y sus visitantes

Según él, será liberado el día de San Valentín del 2017, aún un gran camino por recorrer. Obviamente, él está esperando a que llegue ese día y no está seguro de qué pasará con él. Lewis se pregunta si es que lo subirán a un avión, lo dejarán botado en la frontera o lo dejarán ir donde él decida. Gracias a algunos artículos que publicamos sobre su caso, Lewis ha recibido un par de visitantes, más que nada turistas. Su última visita fue de Terry Wall, un ex-fiscal de Wollongong, New South Wales en Australia. Durante una visita Lewis dijo lo siguiente: “Dónde estamos ahora, me respetan, pero he peleado por ello. Ellos saben que tengo VIH y que puedo tomar sus vidas. ¿Tú crees que ellos (refiriéndose a sus compañeros de celda) sobrevivirían en una prisión europea o sudafricana? Claro que no, este lugar es un jardín de niños”.

Lewis también me contó que su embajada vino y lo visitó en agosto de 2012, yo pensé que esto era algo positivo pero no lo fue. “No, no lo fue porque casi no pude hablar con ellos. El principal de ellos se llamaba Moheng Motlhale y estaba acompañado por otros dos. Les tomó 30 meses a los bastardos venir a verme y esta vez el alcaide lo arruinó todo. Primero, llenó su oficina de enfermeras diciendo que no había ningún lugar donde pudieran reunirse conmigo y luego, cuando vinieron una segunda vez yo recibí una orden de la oficina del alguacil para que me reportara y me dijeron que solo tenía cinco minutos porque el alcaide se tenía que ir. ¡Mis derechos están siendo violados!”. Hasta el momento de publicado este artículo, Lewis no ha recibido más visitas de su embajada a pesar de que The Huaraz Telegraph envió un e-mail a la embajada de Sudáfrica en Lima pero, aparentemente, Lewis no es sujeto de ningún interés para ellos.

En este momento Lewis tiene 54 años de edad y ha estado fuera de las paredes de la prisión tres veces. Esto fue debido a una visita al hospital regional Víctor Ramos Guardia. Las visitas sucedieron en compañía de dos guardias en un taxi regular. Con respecto al día de su liberación, él dice que va a escribir un libro sobre sus experiencias. ¿Cómo se ve la vida diaria de Lewis? Las llamadas de lista son a las 8am y 5pm. Él usualmente va a la llamada a las 8am y luego regresa a dormir hasta las 11am, ya que no tiene nada más que hacer aparte de los sábados y domingos cuando hay oportunidades de visita. Lewis está vendiendo dulces en la puerta de entrada del patio porque obtuvo un permiso especial para hacerlo.

Montserrat Gonzáles Hermina del país Vasco

Tal y como mencionáramos antes, Lewis fue el que señaló que ya no era el único gringo en prisión y por lo tanto, le pregunté si le podría preguntar a la chica española si estaría dispuesta a conocerme. Solo para dejar las cosas claras, hay tres extranjeros en la cárcel de Huaraz, el tercero es de Colombia. La chica aceptó aunque mi visita resultara siendo una sorpresa. Probablemente no le creyó a Lewis cuando este le habló sobre el hecho de que la quería entrevistar. Ese domingo cuando visité el penal, pasaron quince minutos antes de que Montserrat apareciera. Luego me contó que estaba muy nerviosa, que se hizo prestar zapatos y que incluso se maquilló. Montserrat dijo que yo era la primera persona en cinco años que la visitaba así que no podía creer que esta vez había alguien esperando por ella, aunque de alguna manera esperaba que fuera su tiastra quien aparentemente vive en Los Olivos (Lima). Luego de fumarse un cigarrillo en el patio interno, ella fue requerida de ir nuevamente al ala de mujeres así que no tuve más opción que seguirla cuando lo que hubiese preferido era entrevistarla en el pabellón de entrada.

Nueve años de sentencia, cuatro traslados en cinco años y VIH

Tomamos asiento en el ala de las mujeres y le pregunté qué había sucedido el 7 de febrero de 2009. Ella dijo lo siguiente: “A las 8 en punto, empaqué mis maletas y me fui al aeropuerto Jorge Chávez. En el aeropuerto fui detenida y me preguntaron sobre una maleta más grande. Al inicio negué que la maleta fuese mía pero no había mucho que negar. El fiscal apareció y se llevaron mis posesiones como dinero y otras cosas que yo llevaba. He traficado antes y fui capturada en el Perú. ¿Por qué lo hice? En ese entonces no tenía hogar pero tenía un hijo a quien cuidar. En ese momento tenía 31 años y tenía VIH. Me contagié de VIH por mi expareja. La vida no tenía ningún sentido para mí así que decidí buscar una forma fácil de hacer dinero para mi familia y el tráfico de drogas creó esta oportunidad.”

Noté que Montserrat comenzó a sentirse un poco más tranquila y me pregunté por qué. Mientras miraba a mi alrededor noté que tenía la atención de varias personas a nuestro alrededor en el patio. Luego le pregunté cómo se sentía en ese momento. “Tú sabes, me siento más tranquila aquí en Huaraz. Llegué aquí el 27 de marzo de este año luego de haber permanecido en la penitenciaría de Chimbote por dos años y medio. Fui transferida a Huaraz porque tuve problemas allá en Chimbote. En un día cualquiera, los guardias vinieron y dijeron que tenía que ser transferida a otro penal, que pareció ser el de Huaraz. Como te mencioné antes, las cosas son más tranquilas aquí, pero realmente no hay nada que hacer. Es tan aburrido, al menos en Chimbote habían talleres o podías ayudar en la cocina. Mira a tu alrededor, está muerto”.

Su infierno, las circunstancias y su estilo de vida

Así es, parecía que no había mucho que hacer más que solo sentarse y mirar. Bueno, ¿qué esperabas de una prisión? Me preguntaba cómo sería su celda y le pregunté si podía verla. Esto no era tan fácil como yo pensaba así que decidimos quedarnos donde estábamos, en el patio. ¿Podrías describir tu celda? “Dormimos con siete mujeres en una celda en camas camarote disponibles en el segundo piso. Hay un lugar en el que podemos cocinar algo y todas nuestras pertenencias están en la celda también. Tú puedes elegir moverte a otra celda, pero las reclusas que ahí se encuentran, tienen que aceptar tu presencia. Alguien puede invitarte a quedarte en su celda pero si las otras reclusas no te quieren ahí, entonces te tienes que ir. Tienes que llevarte bien con algunas de las reclusas eventualmente. De hecho hay cinco personas en esta parte de la prisión con las que yo hablo y en las que confío. No tengo mucho contacto con el resto de las reclusas. Muchas veces hay peleas en los bloques. La mayoría de las peleas son por dinero, claro y otras por celos y cómo estás vestida”. La vida es bastante aburrida y de acuerdo con Montserrat, los gritos y la música a todo volumen no ayudan mucho tampoco.

“Creo que somos 46 mujeres en este momento y las chicas con las que hablo no todas son compañeras de celda pero me ayudan bastante mentalmente. Otras me hacen sentir como mierda, si puedo hablar con sinceridad. Hay mucha discriminación aquí porque soy ´La Gringa´. Estoy casi dispuesta a decir que si regreso viva a España, voy a tratar a los peruanos de la misma forma en la que ellos me han tratado acá. Hay demasiados egoístas, hipócritas, y gente mala a mi alrededor, sin mencionar la comida. ¡Fatal! Creo que las reglas en el ala de mujeres son más estrictas en comparación con las que tienen los hombres”. Entonces, ¿cómo es un día normal para ti? “Normalmente me despierto a las 5 am y luego de una hora y media las puertas se abren para que podamos salir de las celdas. En un día normal me ducho, limpio un poco, tomo desayuno y juego un poco de solitario (un juego de cartas). La mayor parte del tiempo converso con mis compañeras de celda o estoy sola. Quizás prefiero estar sola. A las 9 pm las luces se apagan y las puertas de las celdas se cierran. La mayoría de las guardias femeninas son OK si te comportas y no te metes en muchos problemas.”

Romance, matrimonios y la muerte

Cuando miré alrededor del pabellón, noté que había algunas parejas sentadas en el patio pero no parecía que estuvieran conversando mucho. Había una pareja que se besaba todo el tiempo, mientras las otras solo miraban. Creo que un estilo de romance más dramático no lo hubiésemos podido encontrar en otro lado de Huaraz en ese mismo momento. Esto me hizo preguntarme si Montserrat tenía una pareja en la cárcel. Me dijo que no. Aunque en Chimbote ella tuvo un tipo de relación pero ya que es portadora del VIH le fue imposible tener una relación sexual.

Montserrat, mientras se fumaba otro cigarrillo, dijo que la pareja que habíamos visto se había casado recientemente en la cárcel; ¡hablando de romance nuevamente! Las reclusas se arreglan y los hombres se ponen traje y luego alguien de la municipalidad viene y hace el papeleo. También noté que Montserrat tenía un par de tatuajes en su cuerpo y le pregunté por uno que tenía en su cuello que decía Amar. “Amar es mi hijo. Sabes, no tengo miedo a la muerte, pero lo que me asusta más es morir sin volver a ver a mi hijo. Dejar mi familia atrás es lo que más me duele. Aún tengo contacto con la mayor parte de mi familia. Algunas veces llamo a mi hermano en España y ellos me ponen en altavoz para que mi hijo, mi cuñada, mi madre y mi sobrina puedan escucharme. Si es que logro salir viva de acá, correría de regreso a España y me largaría de este país. Sabes, la última vez que visité al doctor en Chimbote, justo antes de que me transfirieran, él me dijo que estaba más cerca del Jardín del Recuerdo que de ingresar a un hogar para ancianos. Duro, pero eso confirma por qué podría no salir viva de prisión. Dicho sea de paso, ¿sabías que la mayoría de las mujeres en esta parte de la prisión han sido condenadas por asesinato? La mayoría por asesinar a sus esposos o parejas y algunas están por drogas o robo.”

Lluvia, medicación, lágrimas, adiós y un fuerte abrazo

Justo cuando estaba por irme, noté que había comenzado a llover. Cuando le pregunté a la guardia si podía salir, me dijo que no. Entre la una y las dos de la tarde, hay un receso para comer así que ningún visitante puede entrar o salir de la prisión. Eran quince minutos para las dos así que no importaba realmente. En ese momento, Montserrat recibía sus medicamentos y me contó que tenía que tomar cinco pastillas al día para combatir su enfermedad. Me dio la impresión de que a Montserrat le gustaba mi presencia y quería que me quedara por más tiempo. Le pregunté si es que había algún psicólogo o trabajador social en la prisión con quien pudiera conversar. “Hay una señora que se ocupa de ese cargo pero la última vez que hablé con ella me deprimió profundamente. Me enteré, mientras estaba al teléfono con mi hermano, que mi padre había fallecido dos años atrás. Encima de las discusiones que tuve con la psicóloga, ella llenó un documento en el que me declaraba una manipuladora. Ella tenía cero entendimiento de lo que era su trabajo.” Hablar de su vida y de su padre le trajo recuerdos y pude ver cómo los ojos de Montserrat se llenaban de lágrimas. Claro, ella tomó la decisión de cometer un delito y fue atrapada. Me pregunto cómo sería vivir en prisión sin ver a nadie en cinco años.

Justo antes de decir adiós había algo más que quería saber. Montserrat me dijo que el contacto que tenía con su familia era a través del teléfono, entonces me pregunté ¿por qué es que Lewis nunca ha podido recibir una llamada desde Sudáfrica? “Hay un teléfono público en el muro que podemos usar, también hay un celular aquí pero tenemos que pagar a una chica para usarlo.” ¿No está eso prohibido? “¡Claro que lo está! Pero todo lo que encuentras afuera de estas paredes, también lo puedes encontrar aquí. Alcohol, drogas y bienes están disponibles aquí. No sé si los guardias saben de esto pero solo tienes que preguntarte cómo es que las cosas ingresan a la penitenciaría.” No tenía ni idea y la respuesta era sorprendente y desvergonzada y por lo tanto no apropiada para compartir aquí.

Cuando me despedí de Montserrat, me preguntó si regresaría pronto a lo que respondí que regresaría algún día. Prefiero no hacer promesas ya que nunca sabes qué puede pasar y a veces es mejor visitar a las personas cuando ellas no saben que irás. Recibí un fuerte abrazo y caminé hacia la salida donde Lewis estaba vendiendo golosinas. Tenía la corazonada de que Montserrat se sintió mucho mejor luego de mi visita y eso era de lo que se trataba.

Sin duda es bueno obtener crédito por una historia pero honestamente no me importa. Lo más importante es el impacto social en la visita a los prisioneros. El hecho de que Lewis ha tenido ya cuatro visitantes extranjeros que lo han visitado en los últimos años, comparado con ninguno en los años anteriores me hace sentir feliz por Lewis: después de todo, visitar la prisión es una cosa pero quedarse ahí la noche, no en un millón de años.

Sinceramente espero que Montserrat esté recibiendo pronto a algunos visitantes, y si no hay ninguno, bueno, entonces seré yo quien la visite. Montserrat, si es que sigue viva, será liberada el 18 de febrero del 2018.

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